Como el sol de la mañana, una historia de amor y resiliencia es mi última publicación (por ahora). Una historia de segundas oportunidades, de reinventarse y valorar la vida. Esta vez, trabajando junto a un editor profesional quedó un hermoso producto, ya sin los errores de una novata (cada día aprendo un poco más).
PRÓLOGO —Por Fanny Mandelbaum, periodista argentina.
Como el sol de la mañana que a pesar de las nubes, la llovizna o la tormenta, vuelve a salir, así deberíamos actuar nosotros en la vida.
Aquel que haya atravesado en su vida situaciones difíciles sabe de qué estoy hablando. Hay que decir “fue difícil, pero no llegó a vencernos”, tal como dice la autora en el corolario cuando habla de la afección de su marido.
Y este libro habla de eso, de la resiliencia, que según los psicólogos es “la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente o muchas otras más”.
Dos jóvenes de distintos mundos, Fernando y Vange, por diferentes circunstancias, atraviesan un gran dolor. Para él es físico; para ella, el fin de los sueños, de la felicidad y de un posible futuro. Cada uno cree que ya nada tiene sentido y que la vida no puede darles sorpresas y esperanzas, pero la casualidad o la causalidad han que sus caminos se crucen.
No, no les voy a contar de qué pasa, solo decirles que, después de conocerse y de que pasen muchísimas cosas, se replantean la posibilidad de luchar y de ver el sol todas las mañanas.
En la vida nada es fácil, pero ellos decidieron que valía la pena intentarlo y, parafraseando a Silvina, pensaron “fue difícil, pero no lograrán vencernos”.
Esto es apenas una síntesis de lo que van a encontrar y disfrutar al leer esta novela, y me animo a decirles que muchos de ustedes —al igual que yo—, cuando la terminen, se darán cuenta de que la voluntad de ser felices solo depende de nosotros.
Fanny Mandelbaum Buenos Aires, agosto de 2017.
CONTRATAPA—Por Angélica Gorodischer, escritora rosarina.
Cuando el sol de las mañanas se levanta sobre el mundo de la novela, quien lee se encuentra sumergido en el escenario de conflictos, desencuentros, esperanzas y decisiones tomadas por esos personajes que viven y se mueven como todos nosotros en el ámbito ¿real? de las vidas que nos pertenecen, de las que nos rodean, de las que podríamos vivir o haber vivido. Es una lectura vívida, colorida, estremecedora a veces. A través de ella, la autora nos guía, nos muestra, nos enseña, nos ayuda a recordar o imaginar.
Y cuando llegamos al punto final no resulta fácil deshacerse de todo lo que ella nos ha hecho sentir. Bueno, ¿y por qué deshacerse si es una lectura enriquecedora? Hagamos una cosa: no olvidemos; por el contrario, atesoremos. Ese sol de palabras que refleja al otro, al que se levanta para nosotros todas las mañanas, no va a ayudar a completarnos.
Angélica Gorodischer